domingo 29 de noviembre de 2009
Silencio
jueves 19 de noviembre de 2009
domingo 15 de noviembre de 2009
Remanso
Un aire cálido clarea el cielo de sus nubes rosadas de atardecer; las esconde tras los pinos repartidos entre el azul pizarroso de las montañas que miran al sur. Ha cumplido su misión; es el aviso de la presencia del viento en los días venideros. La hierba crece a lagunas, modesta y tímida, y el sol la hace pulverulenta y blanquecina cuando se marcha en su lenta despedida. Los algarrobos la aprovechan para asentar su pedestal verde pálido y la amparan, a la sombra de sus ya maduros vástagos, casi inamovibles. Las copas de los sauces se mecen como el flequillo de una adolescente frente al mar. En el tronco del eucalipto sigue abierta la herida del corazón grabado atravesado por una flecha. Y en la boca de la cueva, pequeña y negra, entra un conejo con prisa.
El hinojo se viste de un triste marrón seco, el tomillo ya no milita con su aroma, la retama dejó de invadir las ramblas en verano, y nacen ya, en los almendros, algunas hojas verdes. En la tierra persisten las huellas de las escorrentías de octubre. El limo se alarga en finas grietas entre la arcilla y la arena, las rocas sobresalen orgullosas entre algunos bloques y cantos rodados, y en algunos campos, en el horizonte, se percibe la mediación humana de la siembra, a rayas verdes entre el terracota aluminoso.
Dos torcaces levantan ávidas el vuelo a mi paso. Mi perra corre tras ellas como quien persigue una ilusión sin saber que nunca se cumplirá. Y en medio del silencio, el abejaruco despliega el colorido de sus plumas alegremente de rama en rama. Los caballos que relinchan mientras duermo pasean entre el cercado metálico. Parece que viven su primera edad, ajenos al tiempo y al mundo.
La naturaleza sigue su camino. Impredecible, decidida a ser según dicte su capricho. No sabe de números ni letras, ni de horas, ni de vacíos. Ella no viene ni va. Ella, simplemente, es.
Hoy me he perdido entre sus colores y su remanso. Ha sido como volver a casa. Sólo he echado de menos algo en su concepto más fraternal; ¿Y el amor? ¿Quién lo escondió? ¿Dónde se fue?
jueves 12 de noviembre de 2009
domingo 8 de noviembre de 2009
Fatale

Encontré mi imagen subida a unos tacones para hacerme la fuerte, con el rimel corrido por los pómulos, las ondas de mi pelo desmarañadas y lamentando hasta el último pigmento del carmín que me robaste.
viernes 30 de octubre de 2009
Celo
Vuelvo al bosque provocando la reaparición del rumor. Necesito la escucha. Pero el bosque está vacío y los árboles duermen. Su voz se apagó con la prisa que trae el rayo en la tempestad marina, se escondió como una sombra chinesca tras el cortinaje, se fugó como una perseida que escapa a las noches de agosto. Dejó mis manos soñando con el alcance de su hechura viril; condenada estoy, otra vez, a despertar sin su masculinidad orgánica.
Y celo. Celo de mí misma por haber agotado su silabeo de animal benignamente impúdico, por esconderme como una niña entre la ambigua opacidad de la niebla en las tardes de julio, por no haberle atrapado bajo mi bóveda de esperanza risueña. Me cuesta enfilarme a la cola del batallón de los vencidos y renunciar para siempre a esa voz que rescata mi alma de mi fiel melancolía. No soporto los senderos desiertos de las umbras y penumbras de tres lunas llenas, y mi recuerdo se resiste a aguar su imagen como se ahoga la tintura de una acuarela romántica.
Quiero beber la nata dulce de su complexión sudorosa y besar los montes de sus manos mientras me habla. Quiero ser la mayor fugitiva del mundo para decirle estoy aquí al oído, y perderme, de nuevo, entre las sales del trigo sereno de sus cabellos rubios...
martes 27 de octubre de 2009
Psique

El viento ha dispersado el hilo de humo que emanaba de la caja de oro que se me concedió como credencial. Ahora vivo en la continua espera de que también lleve a tus oídos mi llanto.
Siempre será indispensable cierta ignorancia sobre la personalidad de quien amamos...
jueves 22 de octubre de 2009
Diario
Perdonadme por la falta de textos, faltan horas a mis días.
domingo 18 de octubre de 2009
sábado 17 de octubre de 2009
Premio
No sé cuáles son las reglas del premio por eso no puedo hacer mi selección personal (os selecciono a todos).
Aprovecho para decir que, aunque siempre es un halago recibirlos, cada vez me siento más lejos de la filosofía que encierran los galardones. Implican cierta competitividad y por eso no termina de convencerme.
La vida me ha enseñado que al final de todos los caminos, uno sólo ha competido consigo mismo.
Os recomiendo los poemas de Adolfo, no tienen desperdicio. Espero que os gusten tanto como a mi.
viernes 16 de octubre de 2009
Gracias

Es de ser bien nacido el ser agradecido. Gracias a Guillermo elt por su pequeño homenaje, pero sobre todo, por haber entendido que sólo deja de ser niño quien se niega a seguir jugando con la vida…
lunes 12 de octubre de 2009
sábado 10 de octubre de 2009
Juntos
Allí, juntos, las horas dormían su eterno sueño. Allí, juntos, las horas pertenecían al recuerdo. Mis oídos, en silencio, medían el nuevo tiempo con el diapasón de tus latidos asomándose a tu pecho, cuando tú, lánguido, aletargado y poseedor de la calma más consumada, me envolvías con el escudo protector de tu voz vertida en la risa. Con tus manos tibias me alcanzaste el sosiego, y pusiste bajo mis pies la alfombra de mi refugio. Juntos, yo bajo el licor adictivo de tu regazo y tú paseando tus dedos sobre mi espalda, éramos la personificación de un milagro jamás escrito. Qué lejos nos sentíamos de los humanos en el balcón de nuestra esquina, como si hubiésemos podido avistarlos altivos desde otros cuerpos tan celestes como el espinazo que se repartía entre nosotros dos.
Entonces comprendí otra vida, otros sinónimos. Todo aquello que me enseñaste reinventando los vocablos y los sentidos, los olores y el sabor. Juntos, la música era música, la manzana una manzana, el jazmín volvía a emanar aroma de jazmín y el aire frío dejó de serlo. Y fuiste tú, cuando estábamos juntos en nuestra esquina blanca, quien hizo de la desnudez una bondadosa e invulnerable morada para sentirse a cubierto.
domingo 4 de octubre de 2009
lunes 28 de septiembre de 2009
Dile

Si el azote del amor mi nombre pronunciara, miéntele. Dile que habito en la cruz de ceniza bajo coronas de azahar sin aromas, de los naranjos cultivados en los huertos de invierno. Dile que me hice un vestido del color del laurel derrotado, y dale mis ojos si no te cree, para que vea escapar su risa aún al filo de mis pestañas convexas. Azótale tú, si te pregunta. Dile que me perdí en los valles de su carne salvaje una noche, que me dormí en sus barrancos, en sus aguas movedizas quedé fija, que por sus vaguadas tornadizas resbalé.
Si te pregunta una mañana de viernes, absuélveme. Dile que rezo por él un misterio gozoso en la cripta subterránea de la cueva de las elegías. Dile que habito en un pozo, entre las raíces de un ciruelo sin sombra o, incluso, más allá, dile que entre campos de cereales vivo, entre hormigas hambrientas y mariposas negras. Si te vuelve a preguntar, dile que me cansé. Que me cansé de luchar, de luchar contra mí misma, que perdí mi escudo en una taberna y mi espada la empeñé. Que desnuda quedé en la ribera del llanto.
Si mi nombre pronunciara, dile que no estoy. Dile que fui expatriada al país de los gusanos de seda, que me alimento de cálices insalubres y de la leche caliente ordeñada por los perdedores. Y dile que yo también me perdí. Que me extravié caminando sobre el duro y sufrido atlas laberíntico del centeno de sus manos de harina. Dile que no estoy, si se acuerda de mí.
Dile, al verdugo del amor, si mi nombre pronunciara, que ya no soy de aquí. Que mi cuerpo se extinguió entre el polvo, que mi sangre ya no quema, que me disolví con la arena, y que una noche de frío, me arrastró el viento.
sábado 19 de septiembre de 2009
Jealous guy
Siempre me negaré a reprimir ciertos sentimientos esenciales. Hay cosas que deben seguir estando como están (por su propio bien…)
Me encantan los hombres celosos…
jueves 17 de septiembre de 2009
La mujer de Lot
El miedo se aposentaba plácido y somnoliento en los ventrículos mientras una difusa esperanza entre brumas nos daba la bienvenida. Confiados y ciegos por esa niebla rosada, relatamos durante meses la despedida con los ojos vendados: tú huías hacia el verdor de los bosques del norte, yo buceaba en la profundidad de los ríos del sur, obviando, los dos, las venias de la demora detenedora y aplastando, con los pies de barro, el ineludible freno del amor que habíamos educado durante años. Se trataba de correr, de correr donde fuera, de correr separados como lo hacíamos antes de encontrarnos y de romperlo todo, sin mirar atrás.
Y huimos, sí, lo conseguimos. La casa incendiaba hasta nuestra propia cobardía. Al no contemplarla nos creímos falsamente victoriosos, invencibles tú y yo, ahora desde lejos, por no salvar la dignidad de nuestras propias cenizas. Corríamos sin dar entierro plausible en las fosas de los almanaques caducados a las mañanas compartidas, corríamos sin ver deshacerse el trigo de nuestras manos trenzadas hirviendo en vapores de agua, corríamos saboreando los panes agrios de nuestras bocas juntas ahogadas en carbono. Ya nada quedaba allí, purgados quedamos hasta del recuerdo.
El tiempo, mi gran héroe, seguirá dejando caer su azufre abrasador sin reciclar nuestros cuerpos de arcilla hasta que no estimemos las pérdidas. Y tú que aún no te das cuenta, dime… Dime ahora que andamos como moribundos en este nuevo paraíso desierto, ahora que nos escondemos en el ángulo engañoso de una espera indigente, ¿acaso no has vuelto jamás a pensar en todo lo que se quemó con ella?
lunes 14 de septiembre de 2009
Almost blue
Nostalgia. Añoranza. Cristalinas y radiantes atmósferas. Dioses del aire. Fidelidad, amor, sentimiento y benevolencia. Agua y mar. Verdad, sosiego y entrega.
Casi azul, siempre vida.
jueves 10 de septiembre de 2009
Embuste del tiempo
Te veo ahora, desde el rellano del saliente más alejado de tu memoria, el que no ves desde tu aljibe de sombras y luces nuevas. No me alcanza tu vista, no sabes ya dónde habito ni en qué mundo. Crees que sigo siendo aquélla, la que el tiempo no ha deformado para siempre. Pero ya no recuerdas plenamente la desnudez en la que contigo renací.
Sí, es cierto. Alguna vez habremos dicho que nos hemos buscado, desnudos, como antes, inherentes a la metamorfosis del recuerdo, impenetrables al transitar de los años. Nos hemos buscado, sí, es cierto. Y por un instante efímero nos encontramos; seguimos siendo aquellas caricias bajo el mantel de la mesa, aquellas risas en el zaguán, aquellas madrugadas en la azotea, aquella esquina de la cama que para siempre ya duerme.
Pero todo es un embuste fantasioso. No existimos ya, salvo en la herencia inútil que nos dejó el recuerdo. Nos perdimos en el tiempo. Nos tragó, como la misma pintura perdida de una fotografía desteñida.




