Piedra de cielo-lágrima pura para el pañuelo.
Rafael Alberti.
La fiera virgen ama. Es el mes del ardor...

Un aire cálido clarea el cielo de sus nubes rosadas de atardecer; las esconde tras los pinos repartidos entre el azul pizarroso de las montañas que miran al sur. Ha cumplido su misión; es el aviso de la presencia del viento en los días venideros. La hierba crece a lagunas, modesta y tímida, y el sol la hace pulverulenta y blanquecina cuando se marcha en su lenta despedida. Los algarrobos la aprovechan para asentar su pedestal verde pálido y la amparan, a la sombra de sus ya maduros vástagos, casi inamovibles. Las copas de los sauces se mecen como el flequillo de una adolescente frente al mar. En el tronco del eucalipto sigue abierta la herida del corazón grabado atravesado por una flecha. Y en la boca de la cueva, pequeña y negra, entra un conejo con prisa.
El hinojo se viste de un triste marrón seco, el tomillo ya no milita con su aroma, la retama dejó de invadir las ramblas en verano, y nacen ya, en los almendros, algunas hojas verdes. En la tierra persisten las huellas de las escorrentías de octubre. El limo se alarga en finas grietas entre la arcilla y la arena, las rocas sobresalen orgullosas entre algunos bloques y cantos rodados, y en algunos campos, en el horizonte, se percibe la mediación humana de la siembra, a rayas verdes entre el terracota aluminoso.
Dos torcaces levantan ávidas el vuelo a mi paso. Mi perra corre tras ellas como quien persigue una ilusión sin saber que nunca se cumplirá. Y en medio del silencio, el abejaruco despliega el colorido de sus plumas alegremente de rama en rama. Los caballos que relinchan mientras duermo pasean entre el cercado metálico. Parece que viven su primera edad, ajenos al tiempo y al mundo.
La naturaleza sigue su camino. Impredecible, decidida a ser según dicte su capricho. No sabe de números ni letras, ni de horas, ni de vacíos. Ella no viene ni va. Ella, simplemente, es.
Hoy me he perdido entre sus colores y su remanso. Ha sido como volver a casa. Sólo he echado de menos algo en su concepto más fraternal; ¿Y el amor? ¿Quién lo escondió? ¿Dónde se fue?



